Como la noche de los tiempos
ando a tumbos y perdida,
que no encuentro la puerta
ni tan siquiera una rendija.
A dejar la mies,
vine al molino,
y de una volandeira
se me cerró la puerta
Ciega me quedé.
Muda, coja y tonta
Ni llaves ni luces.
Sólo sombras y sonidos.
El ruido de las maderas
de las aspas al volar.
Las patitas de los roedores,
al correr entre mis pies.
Han pasado muchas horas
puede que días
y lo que no perdono a mi Matías
es que no me venga a recoger.